El río Ebro, la Basílica del Pilar, y el Puente de Piedra. Principales iconos de la ciudad de Zaragoza.

Un día frío de Enero. Una de esas veces en que el río se subleva queriendo atrapar parte de las riberas. Ya los romanos le navegaron y crearon un puerto fluvial, allí justo dónde muere el Puente de Piedra. Ahora un museo recuerda lo que el puerto se llevó. Hombres holográficos cuentan el cómo de sus días y el qué. Y una marca de hace años recuerda hasta cuánto puede subir el río cuando realmente se enfada.

Hoy, por 365 días, el Ebro sube demás dos o tres veces. El resto del tiempo baja a media máquina, y otra parte del Verano, apenas baja raudo hacia el mar. Acaso aguas melancólicas que delgadas se sienten. Acaso el Pilar lleva río dentro.

Hoy, por una ciudad postiza y maña, Zaragoza me llama Ebro, Pilar, y Puente de Piedra.