José Martí en Zaragoza
Al poco tiempo de llegar a Zaragoza, un día iba paseando por sus calles estrechas, según trazado musulmán y románico, cuando vi una placa con busto adosada a un edificio. Era José Julián Martí Pérez.

La placa, como se puede apreciar en la foto, hace referencia a una de las estrofas de los Versos Sencillos donde Martí escribió sobre Aragón. Me sorprendí. Me vino a la mente la infinidad de veces que oí hablar de los versos sencillos, y la ignorancia total por aquello que escuchaba, era como descubrir de súbito que por mucho que oigas repetir algo, primero: no tienes porqué recordarlo, y segundo: que si no lo analizas, investigas, o te detienes a pensar un segundo en aquello que tanto oyes repetir, no aprendes de verdad, ni la verdad. Y esto es extensible a la sociedad cubana.
Así, Martí dice:
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Para Aragón, en España,
Tengo yo en mi corazón
Un lugar todo Aragón,
Franco, fiero, fiel, sin saña.
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Si quiere un tonto saber
Por qué lo tengo, le digo
Que allí tuve un buen amigo,
Que allí quise a una mujer.
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Allá, en la vega florida,
La de la heroica defensa,
Por mantener lo que piensa
Juega la gente la vida.
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Y si un alcalde lo aprieta
O lo enoja un rey cazurro,
Calza la manta el baturro
Y muere con su escopeta.
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Quiero a la tierra amarilla
Que baña el Ebro lodoso:
Quiero el Pilar azuloso
De Lanuza y de Padilla.
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Estimo a quien de un revés
Echa por tierra a un tirano:
Lo estimo, si es un cubano;
Lo estimo, si aragonés.
.
Amo los patios sombríos
Con escaleras bordadas;
Amo las naves calladas
Y los conventos vacíos.
.
Amo la tierra florida,
Musulmana o española,
Donde rompió su corola
La poca flor de mi vida.
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En estos versos existen varios elementos de Zaragoza y Aragón que afectaron su vida durante el tiempo que vivió en la ciudad, alrededor de dos años desde 1873, el amor como sombra universal, la amistad, o las luchas de poder.

Antes, Martí trabajaba forzosamente, con grilletes en los tobillos, en la cantera de San Lázaro en La Habana como preso político. El esfuerzo provocó que enfermase de Sarcocele, una enfermedad relacionada con los testículos. Fue operado dos veces por ello y luego deportado a España por intervención de su padre para aliviarle la pena. Allí se reencontró con Fermín Valdés, el cual le llevo a Zaragoza, para que curase de su enfermedad.

Ya aquí en esta ciudad, conoció que la gente que vive en el campo, rústicos, y del interior de Aragón, se llamaban “Baturros”, que el Ebro era y es, el principal río de España, y que la iglesia del Pilar era y es, un templo escalofriante por su belleza y dimensión. Hace mención también a Juan de Lanuza, el Justicia Mayor de Aragón, sobre el año 1591, quien organizó una revuelta frustrada contra el gobierno de la época por mera organización territorial y administrativa de fueros.

La ciudad de Zaragoza es toda ella una mezcla histórica entre rasgos musulmanes de cuando España fue invadida por los Moros de África, y arquitectura romana semienterrada o enterrada del todo, como El Teatro Romano, El Puerto Fluvial a las orillas del Ebro, y hasta Las Termas, recinto lúdico con piscina termal y biblioteca de los tiempos de Roma.

Martí conoció Zaragoza. Y a ella y a Aragón escribió estos versos sencillos.

Yo siempre la voy descubriendo. Tiene vuelo, rasmia, ciudad sinuosa y llana. Admiro la majestuosidad del Pilar, sus cuatro torres que nacieron en épocas distintas cada una, los frescos de Goya que adornan sus bóvedas interiores. La catedral de la Seo, magnífica, espectacular luz interior de iconos religiosos. La gente sencilla de sus calles, naturales, sin aires de ciudad gigante, sin pretensiones, como para no superar la verdadera pretensión del Ebro, río culebra, cordón de vida aragonesa.

A ti gracias, Zaragoza, de Aragón de España de Martí, que como él en esta tierra, también quiero a una mujer.

ACRey